martes, 31 de enero de 2012

El Rin de Víctor Hugo


Crónica de una lectura

- Víctor Hugo, El Rin, trad. de Roberto Mansberger, Barcelona, Laertes, 1995.

Siento una euforia extraña a medida que avanzo. La traducción no parece impecable —o soy demasiado desconfiado—, pero se disfruta igual. No es sólo un libro de viajes: combina historia y política, sin duda a la manera romántica, como corresponde a su autor.
Curiosamente, Hugo condensa tres viajes que hizo al Rin, en tres años sucesivos, igual que yo (por ahora).
A veces quisiera leerlo instantáneamente, por ósmosis o como si engullera una gragea, y conocerlo todo de golpe; otras, que no se termine nunca. Ni una ni otra cosa van a pasar, obviamente, y está bien que eso suceda, es el destino de los libros, y del placer que dan: infinito y a la vez limitado; satisfacen y a la vez dejan sedientos; nada impide volver a experimentarlos, pero nunca es como la primera vez.
¿Igual que un viaje?
Prácticamente terminé de leerlo; me queda pendiente la extensa leyenda que está promediando el libro.
No me decepcionó, aunque siempre espero más, insaciable.
Tiene capítulos dedicados a Frankfurt (Francfort, dice, correctamente castellanizado; bueno, casi, falta el acento en la a), Colonia, Mainz (Maguncia), Heidelberg (ésta no se adapta).
¡¡Menciona un par de veces las colinas de Johannisberg, y el mismo pueblo!! La cita exacta, que según Hugo la extrae de una guía tudesca de las orillas del Rin, es: “Detrás de la montaña de Johannisberg se encuentra el pueblo del mismo nombre con cerca de setecientas almas que recolectan un vino excelente” (pág. 115).


Vi este libro por primera vez en una Feria del Libro de Buenos Aires, no sé en qué stand, pero por esas tonterías del destino —o por vulgar tacañería— pasé de largo, no quise comprarlo. Obviamente, jamás volví a verlo. Lo busqué en Internet, en la impresionante colección de textos digitales franceses Athena (más exactamente, en Gallica), pero aún no lo han puesto ahí, aunque figura como “próximamente”.
Finalmente, lo compré por Internet en la librería Santa Fe.
Vale la pena todo este prolegómeno, como vale la pena el libro. Ya algunas cosas fui volcando a medida que lo leía, en mis “Diarios de viaje”, el nuevo género que estoy intentando, el único que me faltaba, creo.
Es un libro delicioso.
Hugo hizo tres viajes, pero como que los resume en uno. Sale de París, atraviesa la parte de Francia que da a Alemania y llega por fin al Rin. Nunca va a dejar de recordar que esa orilla debía ser francesa, la “cuestión renana” estaba de moda y el río mismo lo estaba. Claro, pleno romanticismo, tanto para alemanes como para franceses se había convertido en un lugar común, pero para éstos estaba más alejado.
No tengo por qué aclarar que la lectura de este libro fue muy especial para mí. Encima, habla de Rüdesheim y hasta de Johannisberg. No puedo resistirme a consignar acá también la frase en que lo hace. Menciona un par de veces las colinas de Johannisberg, y el mismo pueblo. La cita exacta, que según Hugo la extrae de una guía tudesca de las orillas del Rin, es: “Detrás de la montaña de Johannisberg se encuentra el pueblo del mismo nombre con cerca de setecientas almas que recolectan un vino excelente” (pág. 115). El subrayado es del autor y no puedo expresar las resonancias que tiene en mí. Cualquier palabra sería escasa, y por algo estoy escribiendo esos diarios.
Por lo demás, aunque yo no sea muy objetivo, El Rin se lee como una novela. Hugo es un gran escritor y se nota —lo hace notar— a cada paso: en los minirrelatos que va enhebrando, así como en la gran leyenda, más “literaria” de Porcupín que introduce en medio del libro. Interesante rastrear un par de lugares comunes, quizás muy románticos, o de la imagen que uno se hace de lo romántico: el hombre contra la naturaleza, el progreso contra la historia, etc.


lunes, 30 de enero de 2012

Mapa antiguo del Rin - 2

Rhein-Provinz, Nassau. Radefeld, Carl Christian Franz, 1788-1874 ; Meyer, Joseph, 1796-1856, 1846




http://www.davidrumsey.com/maps1255.html



domingo, 22 de enero de 2012

Bingen


Por bastante tiempo creí que estaba en Bingen, pero resulta que esta ciudad, célebre precisamente por santa Hildegarda, está “del otro lado” del Rin (respecto de Johannisberg). 

Abadía de Bingen
 Así que estuvimos, en realidad, en Eibingen, que está “de este lado”. Hay allí un monasterio hermoso, con paredes de piedras marrones y dos torres triangulares; cerca, una iglesia de peregrinación. (Ésta es la verdaderamente antigua, aunque no lo parezca; el monasterio aquél data apenas de principios del siglo XX; como muchos similares, fue construido en estilo “imitación románico”.)

Abadía de Bingen (entrada)

 Todo recuerda a unas de las santas nacionales alemanas, de la Edad Media, feminista avant la léttre, autora de canciones y poemas místicos en una época no precisamente muy proclive a aceptar esas cosas en las mujeres. También es una precursora de la medicina natural, aunque esto me suena más raro.

Claustro de Bingen
Claustro de Bingen - Estatua de santa Hildegarda
Hay varias estatuas que la recuerdan, y el monasterio tiene hermosos frescos y una “tipografía” muy peculiar en las paredes. Le saqué fotos porque quizás pueda usarla algún día: deformación profesional, goce suplementario.


Interior de la abadía
Estas iglesias quedan entre el Rin, que se ve allá abajo, siempre hermoso, y las colinas repletas de vides que son características de la región. Uno no sabe con qué quedarse o qué mirar. Claro, es un paisaje esencialmente romántico pero, pensando en santa Hildegarda y otros de su estirpe, no hay dudas de que también es un paisaje místico.
Sólo hay que imaginar los inviernos helados y los otoños brumosos de la zona; las noches prematuras que parecen también eternas; la humedad que todo lo penetra; el sol escaso, pero que cuando sale parece una bendición especial, simbolizada en el brillo de las uvas pletóricas.
Todo esto remite a estados de ánimo muy especiales, no es ningún descubrimiento ni pretendo que lo sea. Los románticos eran místicos a su modo, aunque a veces sobreactuaban.
Me acuerdo un poco de lo que dice Bjork sobre Islandia: en lugares así, en donde siempre parece ser de noche, no se puede hacer mucho más que beber, cantar y hacer el amor. Acá, a orillas del Rin, podemos ver el vino, la música y, a su manera, el abrazo erótico que, románticos o místicos, los famosos de la zona prodigaban a su manera.


Algunos links sobre santa Hildegarda de Bingen






(Todas las fotos son mías.)

miércoles, 18 de enero de 2012

Renania-Palatinado

Alemania Romántica

¡Bienvenidos a Renania-Palatinado!

Ingrese a una de las más variadas y fascinantes regiones de Alemania. Impresionantes ríos y paisajes montañosos, siempre distintos y sorprendentes, esperan a ser descubiertos. Castillos imponentes, vinos refinados, ciudades medievales... Renania-Palatinado le espera!





lunes, 9 de enero de 2012

Bacharach

Out of the big city in Bacharach, Germany

bacharach While Berlin and Munich in Germany are both big cities with a lot to offer, it's sometimes nice to get away from the crowds and experience unspoiled old-warm charm at a more laid-back pace. A trip to Bacharach will give you the chance to sip vino in wine country, interact with locals, and relax right on the Rhine River.



Sigue acá.